Cuando el Hombre de Sal cree en otra música
Las letras se amontonan en su mente,
las notas diferentes se escriben en una partitura extraña,
y esa otra música se interpreta con la sencillez
de un poema apenas esbozado,
cuando el Hombre de Sal cree en una historia inexistente.
Me pinto un anagrama en la mano,
y las notas se fugan de mis dedos
sin yo autorizarlo.
Cuando el Hombre de Sal se esconde,
una nueva música en él nace,
o del mundo se deshace,
para pronto difuminarse.
Cuando el Hombre de Sal se empeña,
la música de él nace,
como los poemas que inventa o que él cree,
o simplemente se crean.
Cuando el Hombre de Sal a la luna le habla,
ella la música le entrega,
el sólo aquí fuera, inventando,
apenas en el silencio acabando,
es invisible pero lo sientes,
aunque no sabes de dónde viene.
Y una letra de versos jamás pensados
fluyen de su mano como de él independientes.
En él la música nace, en forma de poemas,
en forma de pronombres, en forma de ella.
Y así, apenas improvisado,
él la risa construye, y ella, le corresponde,
aunque el Hombre de Sal
en otra música cree,
en otra partitura lee.













TERESA santomil gonzalez dijo
precioso escrito...
12 Septiembre 2010 | 04:32 PM