La canción de amor del hombre de sal
Si el hombre de sal cantar pudiera
letra y música sonaría con ritmo de mar,
y el planeta entero seguiría su ritmo,
y su rima asonante del latir de su corazón cansado.
Si el hombre de sal, al salir de casa canturrease,
las gentes al pasar a su lado sin pensar
su melodia asonante tararearían
y el señor policía con el silbido le acompañaría.
Paseando por el parque la canción del hombre de sal
junto a un par de abuelos en el banco
siguiendo el ritmo le acompañarían,
con su latir cansado de niños recien bañados
y de perfume cubiertos y sus almas de alegría
contagiados como el amor de su primer día.
Al llegar a la fuente, el mimo de siempre,
su sonrisa le donaría, y el hombre de sal,
enamorado de su dama de papel una flor en la solapa
del mimo le robaría para dejarle
un poema de propina en su bombin de nariz roja distraida.
De repente detrás del hombre de sal,
la gente en tropel le seguiría
como el flautista de Hamelín,
pero con sonrisas contagiadas por su canción enamorada.
Se subió a una rama,
dejó la flor en un arbol preñado por el viento enamorado,
y al caer, a sus pies, una reverencia gentil ofreció,
y que el bosque con su beneplacito le correspondió.
Y la canción del hombre de sal,
en un ramillete de amor se convirtió,
llamó a la puerta, dos veces seguidas,
con los nudillos suaves
y todo el ritmo en su corazón.
Ella, su amada, su corazón abrió,
y la luz y el hombre de sal hasta su alma entró.
Allí el hombre de sal, su hogar quiso crear,
y desde entonces en la voz de su amada,
la canción de amor resuena
del hombre de sal que le amó.
Y con esto señores, con esto espectadores,
la canción de amor en sus almas resuena
mientras silencioso me despido hasta que otra historia invente,
y en un poema convierta del hombre de sal y de su vagar.










