La solidaridad nos hace ser seres humanos
Estaba leyendo el artículo "Nos estábamos volviendo locos" sobre el fallido intento de rescate del escalador Oscar Pérez cuando leo una frase de Sebastian Alvaro, el coordinador de las tareas de rescate que dice: "La solidaridad nos hace humanos".
Sin duda. Es la diferencia en ser animales o un mero profesional que se escuda en su quehacer diario para respaldar sus pésimas decisiones.
Si fuéramos meros animales nada importaría, la ley de la Selva y de la Evolución, mandaría sobre todos nuestros actos. Sobrevive el más fuerte y punto. Pero, no tendría sentido el ser humano, ni el Estado, ni la sociedad...
Pero no lo somos... o no deberíamos serlo, pues la evolución nos ha llevado a ir más allá del egoismo puro y duro para crear mecanismos, estructuras y formas de apoyar al resto de los seres humanos.
Sin duda alguna la solidaridad nos hace humanos por que en ella no hay una cuenta de resultados, pues es un acto de generosidad sin límites que va en contra del principio de la supervivencia de las especies, del principio de preservación individual de la vida.
Es la ética que han de envolver nuestras decisiones, no la ética inmediata de nuestro entorno legal, de nuestra RSC, es la ética de por qué debemos mirar más allá de los números, de nuestra obligación de aportar a la sociedad más de lo que nuestros meros impuestos ofrecen.
Y va desde un vecino a un cliente, desde un conocido a un desconocido en el cuerno de Africa, y tiene un valor incalculable.
Cómo empresarios o cómo personas, como profesionales o como ciudadanos, tenemos que ser capaces de dar lo máximo de nosotros mismos y no en actos como el rescate que requiere desde una gran preparación, adaptación y suerte metereológica. Desde nuestra silla del trabajo o desde nuestro teclado del ordenador.
Cuando mi mujer en su tienda le crea una pequeña cuenta a una cliente que quiere pagar a plazos un pequeño capricho de un bolso caro, evidentemente es un acto comercial, pero va mucho más allá de lo que os imagináis, le da la felicidad de ir pagando el regalo a un ser querido con sacrificio y amor, y teníais que ver la cara de felicidad que tiene. Hemos tenido casos como una abuela para los regalos de navidad de los nietos, una madre a su hija... gente que no podría comprar en El Corte Inglés o e una franquicia de marca. Yo veo la ilusión de esta gente y la de mi mujer cuando sucede.
Ahora hemos diseñado una franquicia para autoempleo de la mujer emprendedora, muérdago, y se trata de que cada mujer pueda tener su pequeño taller como franquicia y poder aportar su idea/diseño a la red de la franquicia. En el modelo de negocio de la franquicia no se cobran royalties ni canones, sólo se venden más productos y se cobra por el sistema de gestión y un pequeño margen cuando se dan beneficios operativos.
Y así andamos siempre, dándole vueltas a la difícil combinación de vivir y dar en el duro camino de los negocios. Cada cliente que tienes es un amigo al que da gusto ver volver, cada empleo que creas es una familia con capacidad para hacer más cosas buenas por ella y por el resto. Es difícil de evaluar el retorno de eso en números ¿verdad? Pero la satisfacción no tiene límites.
No son buenos tiempos y tenemos muchos empeñados en no ponerlo fácil como La Caixa o el ISBA, pues se limitan a mirar sus tareas y su modelo cortoplacista, pero seguimos peleando, pero me da que nuestro retorno es cotidiano y se mide en satisfacción personal, no me cabe ninguna duda.










