O el anciano arte de mantener conversaciones
Pensando en el tema de mi post anterior he podido recordar las viejas tertulias de antaño que se han ido perdiendo. Cuando vivía en Madrid me encantaba el viejo Café Gijón y sus tertulias, y claro, sus tertulianos.
Incluso me atreví alguna vez a intervenir en alguna y osé presentarme al concurso de poesía.
Cómo digo muchas veces, ser lo que se dice ser, soy escritor, aunque de eso no se come, pero para vivir soy empresario, informático y financiero, y por naturaleza emprendedor e innovador. Escribir es algo consustancial a mi materia, a mi ADN y la tecnología con los Blogs, cuando encontré la motivación, el hilo argumental, me permitió superar el desánimo por la casi imposible posibilidad de publicar. Si bien tengo un par de libros, uno de informática, "Logo, aprender a pensar" de la editorial Paraninfo y numerosos artículos en revistas. Pero siempre he escrito libros de poesía, ensayos técnico-divulgativos y finalmente un libro de narrativa "Si dios tuviera email...", que podeis encontrar en yoescribo.com.
Pero, como decía, lo importante por difícil, de los Blogs es su capacidad de mantener conversaciones, las viejas tertulias, en un viejo café o en los viejos casinos de antaño.
Yo esas tertulias las tenía en mi casa de Madrid, las cenitas de los sábados con mis entrañables amigos, pero en Mallorca eso es más difícil, por la propia naturaleza del mallorquín. Pero en mi casa, casi nunca más de seis pues el comedor y el apartamento eran pequeños, hablábamos antes de la cena en la pequeña cocina mientras preparábamos la cena con unas birritas, durante la cena regada con buenos vinitos y claro, hasta altas horas de la madrugada con postres interminables y algún licor que se derretía con el hielo lentamente por las largas parrafadas y interesantes discusiones, cómo no, alguna más acalorada que otra.
Charlábamos de todo, de política, de derecho y justicia, de física, de culturas y gentes, de economía, de religiones... y contábamos millones de chistes. Ahora son gratos y entrañables recuerdos.
Y recuerdo las tertulias en casa de mis abuelos, con o sin mis tíos, sobre la guerra española, sobre sus historias y sus tristezas, sobre historias vividas. Ahora hubiera querido tener una grabadora de aquellos cientos de horas que mi abuelo, con algún comentario de la abuela, nos contaba y que, mis tíos y padres, vivieron y entonces, un entonces ya casi muy lejano, debatían. Quizá alguna vez mas acalorada que otra. Pero ahora todas difusas en mi recuerdo.
Sería perfecto recuperar ese concepto y ese viejo arte de conversar manteniendo largas tertulias, de mantener el respeto, aunque el calor de la discusión y la pasión de los tertulianos se elevara según el tema, pero lo importante era la tertulia y alargar el tiempo, alargar la copa, alargar el café hasta que se enfriara, pero retener el momento para que nunca pareciera acabarse.
Tan sólo, acontecimientos externos, casi siempre, daban por acabada la tertulia, que se resistía a moriri siguiendo en grupitos más pequeños mientras se abandonaba el lugar, despacio, con desánimo, sin prisa...
Ese Madrid que ahora recuerdo y añoro, me llenaba la vida y el alma, ese Madrid que aún persiste a pesar de los grandes cambios... a pesar del propio Madrid.











