La casa que desaparece entre los almendros...
Se difumina poco a poco y cuando acabe el proceso,
no quedará ni su esencia,
la esencia de un paraiso perdido, siempre, por ese pecado mortal
que se llama ser humano,
capaz de destruir lo bueno, la esencia de la vida,
la inocencia de esos bocetos soñados.
Primero su silueta,
hermosa como el alma que la incopora,
luego su virtud, natural como ese entorno
que presumía protegerla,
finalmente su aroma,
el aroma de virgen enamorada,
que apenas ya ni es recordada.
Así, la casa desaparece entre los almendros
y nadie desde entonces logrará ni esbozarla.












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21 Diciembre 2009 | 10:05 AM