El hombre deshabitado junto a la casa entre los almendros
Veo un hombre, allí, junto a la casa, no entre los almendros.
Se sienta junto a su soledad y noto su otra angustia,
aquella que le mira desde fuera hacia dentro,
aquella que no proviene de su ser más íntimo.
El hombre deshabitado de Alberti ha evolucionado,
ahora es parte de la ausencia, es parte del localismo,
ahora, casi ni se reconoce.
La distancia entre el y la casa parece infinita,
el hogar está allí, junto a los almendros,
pero la casa parece alejarse pese a sus esfuerzos.
El hombre deshabitado se desnuda el alma
para que la casa le reconozca, y ella le ignora,
le presenta su alma, rota entre los cristales que hieren sus entrañas,
y la casa le ignora.
Mientras, los almendros le ignoran, ni le miran, permanecen ausentes.
El hombre deshabitado muere
junto a la casa entre los almendros
y la casa y los almendros siguen su vida sin ningún cambio.











