El estanque en la casa entre los almendros
No está siempre en el mismo lugar,
ni tiene siempre un mismo color,
hasta los peces cambian, mudan su alma,
y se reúnen entre diferentes rocas,
dónde alargan sus incansables tertulias.
Los almendros siempre se miran de diferentes formas,
con diferentes formas y diferentes colores, con distintas almas.
Hay ánades emigrantes que apenas detienen su vuelo,
buscan la bella África a la que enamorar cada año,
y levantan ansiosos sus vuelo por no retrasar el encuentro
con la amada, con el hogar, con la larga morada.
Algún príncipe busca princesas en su charca
y se descubre político de charada.
Nunca amanece junto a la casa y a al atardecer
se refugia entre los almendros,
nunca da las buenas noches ni agradece los buenos días.
Uep! Saluda y de nuevo enmudece.










