Extraños en la casa entre los almendros
Siento frio en esas paredes que echan de menos a mis amigos,
esos que nunca conocieron, esos que nunca vinieron.
Hasta los almendros me miran extraños al pasear entre sus hileras,
y la casa entre los almendros casi evita mi poesía,
como si mis versos le molestaran,
como si me presencia le incomodase.
Añoro las largas conversaciones, añoro los pasos vacios del
caminar cansado de mi ciudad, ese ¡buenos días! cotidiano.
Hay un escalofrio permanente que corre por la casa entre los almendros,
esa humedad que se cala en los huesos y que parece defenderse
de todo, lo ajeno y lo propio.
¡Qué extraño es sentirte extraño en tu otro hogar!
¡Qué extraño y que frio!
Duermo y en mi sueño inquieto me siento ajeno.
Llamo a su puerta y no abre, grito y nadie responde,
ese silencio que me devuelve
se me hace ausente, se me hace insoportable.










