Valoración del conocimiento
Una de mis mayores inquietudes dentro de mi modelo de Ecognomía es la valoración del conocimiento. De momento sólo he concluido que este nuevo modelo lleva una complejidad varios ordenes de maginitud que los modelos financieros actuales por que requiere de un sistema constante y dinámico.
Me explico, definida la función K del conocimiento dependiente de tres variables: capacidad, experiencia y formación, de por si definir, no, mejor dicho, cuantificar el concepto de capacidad de una entidad física o jurídica, o virtual, no es nada trivial.
Como en gestión del riesgo, el mero hecho de que el tiempo transcurre, si no hacemos nada, el riesgo aumenta, todo sistema tiene por naturaleza a degradarse.
En tal caso, sin una función continua de la formación del individuo, K disminuirá.
Pero, aun es más complejo analizar el concepto de experiencia, por que según le doy mas vueltas, la experiencia, como el conocimiento acumulado, puede ser positivo o negativo, en función de cómo utilicemos ese concepto.
Y aún más importante, cómo combinar la innovación dentro de este modelo, aquí quizá si que podríamos utilizar un modelo de beta de riesgos, innovar es un riesgo, pero a la vez puede mejorar nuestro conocimiento.
Pero ¿cómo conseguir un modelo de valoración basado en activos y pasivos, más dinámico, a la par que los conceptos de las funciones K sean parte del activo y del pasivo de manera más lógica y real que los modelos actuales?
No sé, seguiré pensando en ello.














Jordi Planas Manzano dijo
En mis viajes por todo lo largo y ancho de es te mundo (s.i.c. via Capitán Tan) me he encontrado con diferentes clases de conocimiento en mis colaboradores, empleados, socios, etc..., que influyen mucho a la hora de valorarlo:
1) El de uso rápido y lento. Hay quien no reacciona ante una situación de crisis que exige una muy rápida adaptación y respuesta, pero es perfecto para el ritmo pausado de la explotación ordinaria. (Léase, también, promover una nueva actividad vs. gestionarla una vez puesta en marcha)
y, de momento, 2) El conocimiento dinámico y el estático. Hay quien tiene una sólidos, muy sólidos, solidísimos conocimientos, tan sólidos que no hay quién los mueva, otros en cambio sus conocimientos, quizás más escasos, los rotan rápidamente que parecen más voluminosos de lo que realmente son.
Estas características del conocimiento pueden afectar a su valoración de cara a determinadas actividades.
Esto me da que pensar, que esa valoración puede no ser absoluta, sino que se debería de relativizar, en función del campo de aplicación.
Un abrazo,
Jordi
19 Mayo 2009 | 06:48 PM