La casa entre los almendros
La casa entre los almendros
se esconde entre los aires de la Tramuntana
y apenas muestra su serena belleza.
Es la dama inocente que teme el amor
de los caballeros que la cortejan
y corre entre los almendros
dónde se siente protegida y distinta,
dónde no necesita decidir
para seguir siempre siendo cortejada.
Me gusta despertar entre sus sábanas
y mirar desde sus ventanas
unas visiones lejanas,
pero al abrir sus puertas se despide huraña.
La casa entre los almendros enciende su hogar
con leñas de algarrobo, de pino, de encina,
y me acoge cálida siempre a mi vuelta,
alarga sus rescoldos pero te mira desconfiada.
De vez en cuando se engalana,
pero no quiere ser demasiado bella,
ni siquera parecerlo,
tan solo insinuarlo,
por no ser demasiado deseada,
y así, volver a sus almendros
donde la casa tranquila se acicala
para ella, frente al espejo, sin ser, por nadie, observada.










