Arrieros somos...
Un viejo refrán español reza: "arrieros somos, arrieros seremos y en el camino nos encontraremos". Sin duda estoy enfadado. No, enfadado, no. Indignado. Muestra mejor mi sentimiento. Indignación por lo que somos y a lo que hemos llegado.
El nivel profesional y humano en este país no es que sea bajo, es paupérrimo. Tenemos ejecutivos en la Banca y en otros estamentos con un calidad humana y profesional inaceptable. No digo que en otros países, visto lo que está pasando con las primas de AIG, seán mejores, pero el mundo cada dia es mas lamentable.
Hemos creado "monstruos" orientados a los resultados a corto plazo, frios y no muy bien preparados tiburones o depredadores del beneficio cortoplacista.
Digo todo esto por que si bien en este país no ha habido un modelo de riesgos real en la Banca y ni de lejos han desarrollado un modelo de Banca para PYMES y Emprendedores, ahora, con la que cae, el "homus depredators" ha perdido ya los papeles. A pesar de lo que está pasando con el ladrillo, el papel inunda las mesas de estos ejecutivos, que en el mejor de los casos sabe usar una 100aba parte de lo que yo uso la hoja de calculo. Son los reyes de la fotocopia y la lectura rápida. Son los narcotraficantes de las operaciones que no comprenden por que nunca han tenido 10 minutos para entender en serio y con convencimiento productos financieros que ni los que los han parido han probado ni analizado con seriedad.
Son los magos de esconder errores detrás de informes infumables, son los "David Copperfield" de las finanzas, donde la mano es más rápida que la vista. Les encantan que les invites a grandes comidas y que les mimes su ego.
Pero lo malo es que si bien cumplen con sus objetivos y gana dinero a espuertas, o no, pero sus puestos de trabajo no parecen muy dependientes de si cumplen o no, tomán decisiones, decisiones que afectan a empresas, a personas, a familias, sin temblarles un ápice el pulso. Hablan de RSC, Responsabilidad Social Corporativa, con soltura, casi con convencimiento, pero realmente se la trae al fresco lo que signifique y lo que debería suponerles, si no es para mejorar sus primas y asegurar más, si cabe, su sillón y su lugar en la cena de Navidad de la Empresa dónde su fuman unos puros con el jefe de área y se mofan de los trajes que visten mientras enseñan la etiqueta de su corbata de Hermés que tiene caida hacia la derecha para que se vea.
Esos aciertos contables no dejan de ser errores humanos que afectan a empresas que han de cerrar, que afectan a empresarios que se dejan la piel en su negocio para pagar las nóminas y a los proveedores. Y a los que, a pesar de presentar planes de viabilidad que les ha costado un par de meses de duro trabajo adicional y de algunas horas de vela en la noche, alguien decide que no son importantes y que no hay que estudiarlo, pero les ponen una etiqueta: "NO".
No creo en la justicia, ni humana ni divina, pero si algún deseo tengo es que esta crisis acabe por poner a cada uno en sus sitio. A veces, me veo yo en ese papel, hace tiempo (tengo el armario lleno de trajes y corbatas de Hermés, si, de esas que cuelgan a la derecha para que se vea la etiqueta), pero hace tiempo que decidí que no merecía la pena. Que el coste era muy elevado. El coste es a los que hacemos daño con nuestras decisiones. Y decidí dormir bien, decidí que si algún día tengo hijos, espero poder mirarlos a la cara tan orgulloso como mi padre y mi abuelo me miraban a mi. Orgullosos y honrados. Y es duro, por que el mundo no te entiende. Pero ¿qué le vamos a hacer?
Lo malo es que toda esa gente, en el sentido más peyorativo del termino, no se dan cuenta que no estarían dónde están si no hubiera PYMES que les pidieran dinero, que vendieran un bien o servicio para luego ingresarlo en sus cuentas, que los clientes les pagaran con sus malditas tarjetas de crédito con las que pagamos comisiones que les pagan son salarios. No se dan cuenta que somos arrendatarios de un mundo anárquico e impredecible en el que nada ni nadie está seguro salvo de algo, de la muerte, de que tenemos caducidad y que no nos llevaremos nada, NADA, de lo material a dónde quiera que vayamos. O no, como yo, que pienso que me convertiré en polvo y volveré a la tierra, para ser parte de un cosmo que, afortunadamente nos conducirá a estados incompresibles.
Si, "arrieros somos, arrieros seremos..." y nunca se sabe cuando, a la vuelta de la esquina, la vida, como diría Serrat, "nos gasta una broma y nos despertamos sin saber qué pasa, chupando un clavo sentados sobre una calabaza" y nos pone al otro lado del escritorio, en la cola del paro, en la de la nacionalición o vendiendo enciclopedias para ir al colegio.
Trato de innovar, de mejorar procesos, pero no frios y vacios ratios, excepticos números y estiradas cifras. No trato de dar valor al conocimiento en las personas, para sumar en lugar de restar, para mejorar a largo plazo... para invertir. Sé, que hacer las cosas bien no ha de estar reñido con el tener que hacer daño a los demás, si se quiere, siempre hay soluciones que valen para las dos partes. Si una se siente utilizada, minusvalorada o explotada, incluso estafada, más tarde o más temprano, salta. Es posible alcanzar acuerdos justos, hacer negocios justos, ganarse la vida justamente. Para que uno se siente orgulloso de lo que hace y por qué lo hace. Eso también es medible. Se mide por el amor de los tuyos, se mide por el número de horas que duermes a pierna suelta y con la conciencia tranquila. Esa es la verdadera cuenta de resultados y el mejor balance que podemos presentarnos a nosostros mismo. Se puede engañar al jefe, se puede engañar a hacienda, se puede engañar a un cliente, y hasta se puede tratar de engañar a uno mismo... pero esto último, no se puede.











